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Posiciones existenciales del ser humano

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¿Sabías que lo que decidimos se transforma en creencias básicas que acarrean una serie de sentimientos? Pues sí: las posiciones existenciales. Ellas influyen en nuestra conducta y relaciones sociales. Por tanto, las transacciones sociales que tenemos con los demás se ven influidas por nuestras posiciones existenciales.

¿Te apetece conocer cuáles son? Adelante…

  • Creencia de partida (Actitud transparente o saludable): Yo soy OK. Tú eres OK.

Una persona equilibrada emocionalmente dispondrá de este tipo de creencias, de manera que no se infravalorará respecto a otras personas ni tampoco infravalorará a los demás.

  • Creencias comparativas: son otras actitudes puestas de manifiesto cuando no se satisfacen las necesidades, se satisfacen pero no de forma óptima o no se reciben suficientes afectos de los otros. Existen diversos tipos, como veremos a continuación:

Yo no soy OK-Tú eres OK: posición introyectiva, obsesivo-compulsiva-histérica. Ejemplo: ‘Tú eres genial… yo, en cambio, no valgo para nada.’ Este tipo de posiciones suelen verse en personas con problemas de autoestima.

Yo soy OK-Tú no eres OK: posición proyectiva, paranoide, psicopática o sociopática. Ejemplo: ‘Yo soy mejor que todos vosotros, que no valéis para nada.’

Yo no soy Ok- Tú no eres Ok: posición nihilista con personalidad esquizoide o pasivo-agresiva. Ejemplo: ‘Todos somos seres egoístas.’ (Yo no soy generoso y vosotros tampoco los sois).

Yo soy Ok-Tú serás Ok: Es un tipo de posición condicional. Ejemplo. ‘Estaré contento si te comes el plato que te he preparado.’ Posición que suele tomarse en la enseñanza padres-hijos, debates y negociaciones.

Tú eres Ok-Yo seré Ok: Otro tipo de posición condicional. Ejemplo: ‘Se que si me esfuerzo, podré ser como tú.’ Posición que tiende a la mejora personal.

Nota: La toma habitual de un tipo de posición existencial equivale a transformar la posición en una creencia, que formará parte de nuestra personalidad si, por contra, no hacemos algo para identificarla, aceptarla y/o eliminarla.

¡Hasta otra entrada!

Las hambres psicológicas.

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¡Hola!

Parte del sufrimiento humano proviene de nuestro ego. Ya hablamos sobre él en las entradas relacionadas con el Análisis Transaccional, donde se tratan las distintas facetas o roles del ego humano: el ego-niño, el ego-padre y el ego-adulto.

El ego siempre quiere más y más y, cuando es vulnerado, saca lo peor de nosotros. Esa ambición desmedida del ego se denomina ‘hambre psicológica’: motivaciones del ser humano para satisfacer sus necesidades, en especial, las del tipo psico-social. No  son malas, pero llevadas al límite, alimentan al ego ocasionando desequilibrio en nuestras vidas. Hay diversos tipos:

  • Hambre de estímulos: visuales, auditivos, cenestésicos y/o táctiles. Relacionada con nuestra parte biológica, satisface las necesidades psico-sociales.

Ejemplo: Un bebé demanda atención y afecto, es decir, estímulos necesarios para su correcto crecimiento social y afectivo.

  • Hambre de reconocimiento: se satisface mediante las caricias (de las que hablaremos próximamente) y las expresiones de afecto.

Ejemplo: Mateo quiere sentir la aprobación de su grupo de amigos e invita a todos a cenar sólo para sentirse integrado en el grupo y reconocido.

  • Hambre de estructura: se trata de una motivación dirigida a estructurar el tiempo y aprovecharlo para alcanzar los objetivos con un alto rendimiento. Comienza a tener importancia cuando el adulto se desarrolla de forma activa, llegando a alcanzar dos tipos de dimensiones principales: la externa (espacial o relacionada con la necesidad de orientación espacial y temporal, relacionada con la programación temporal) y la interna (vinculada al conocimiento personal). Es un hambre típica de personas perfeccionistas.

Ejemplo: Claudia se ha ido de vacaciones a otra ciudad y ha confeccionado un listado pormenorizado de actividades que hacer, rutas que seguir y lugares que visitar. Todo esta detallado en su libreta, de tal manera que las vacaciones se convierten en un listado de actividades obligatorias que hacer a cada hora, momento y lugar.

  • Hambre de sexo.
  • Hambre de incidentes: Con objeto de evitar el aburrimiento. Típico de aquella persona que no acepta la rutina ni el ‘no hacer nada’.
  • Hambre de posición (social, económica). Es un hambre que alimenta de por sí al ego, dado que imagina y pone en perspectiva al sujeto en un ambiente o clase social/económica superior a la actual.

Todas estas hambres psicológicas son naturales del ser humano y tenerlas no ocasiona, de por sí, la alimentación del ego.

Sin embargo, sobrealimentar las hambres provoca que el ego crezca y se descontrole, ocasionando la aparición del sufrimiento emocional nuestro y de las personas que nos rodean.

Inteligencia Emocional

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La Inteligencia Emocional es el conjunto de capacidades que dispone una persona para identificar, comprender, aceptar y manejar sus emociones así como las relativas a los demás. Una persona sana emocionalmente será aquella que sepa gestionar de forma equilibrada sus propias emociones así como las relativas a sus congéneres.

A lo largo de la historia y de acuerdo a diversos autores, la Inteligencia Emocional se divide en tres grandes grupos: Autoestima, Asertividad y Empatía.

La Autoestima, a grandes rasgos, puede denominarse como el ‘Amor a uno mismo’, es decir, aprecio, respeto y consideración por uno mismo. La falta de autoestima provoca la aparición de pensamientos negativos hacia uno mismo, emociones negativas vinculadas con los mismos (ira, frustración, tristeza…), conductas disfuncionales y, en definitiva, sufrimiento.

Una autoestima sana y equilibrada ocasiona que el ser humano se vea inmerso en una vida mucho más feliz y dichosa.

Por su parte, la Asertividad es un concepto que promueve el respeto y consideración por nuestras propias opiniones, de tal manera que puedan ser expresadas por uno mismo de forma libre e independiente sin vulnerar los derechos de los demás (o lo que es lo mismo, sin provocarles daño emocional). En cierta forma, la asertividad promueve el libre intercambio de opiniones, pensamientos y emociones evitando en la medida de lo posible la proliferación de emociones negativas o sufrimiento emocional en cada una de las partes integrantes del intercambio, basado, ante todo, en el respeto.

Finalmente, la empatía nos permite ponernos en el lugar de la otra persona y experimentar sentimientos vinculados con la compasión humana, con objeto de compartir el sufrimiento del otro (y el nuestro) y liberar de tan pesada carga. La compasión humana no está, tal y como se pueda pensar, vinculada a la debilidad. En mi opinión, es más fuerte y valiente aquel que además de preocuparse de uno mismo se preocupa por sus congéneres que aquel que, una vez satisfechas sus necesidades, se libera de la obligación de ayudar a los demás.

Otros autores opinan que a estos grupos pueden añadirse otras categorías como la ‘consciencia’ (estar presentes), motivación o habilidades sociales (Inteligencia Social), entre otros. O incluso añadir como categorías denominaciones de emociones positivas como la ‘paciencia’.

Lo cierto es que en psicología se tratan profundamente estos temas en diferentes escuelas y modelos que, poco a poco, iré introduciendo en el blog.

Atentamente,

Álex Melic